Señante en conversación. El estudio muestra que repetir un mismo elemento al inicio y al final de un tramo no es vacilación: es lo que enmarca lo que está en el medio, y ocupa el 21% del tiempo de señado. (imagen: Thares2020 / Adobe Stock – generada por IA)
De Gruyter Brill: No Hay Base Empírica Para Separar el Gesto de la Lengua
En un relato en lengua de señas francesa de Bélgica (LSFB), una signante muestra a un personaje mirando con sorpresa. Después narra que el metro se va con la mujer dentro. Y luego vuelve a mostrar exactamente lo mismo del comienzo: el personaje mirando con sorpresa. El tramo del medio queda encerrado entre dos ocurrencias idénticas, y esa clausura le da unidad: "él ve partir el metro, con ella dentro". No es un tartamudeo ni una corrección: es un procedimiento estructural.
Laurence Meurant, del Instituto NaLTT y del LSFB-Lab de la Universidad de Namur, dedicó un artículo publicado en Open Linguistics, de nuestra socia De Gruyter Brill, a describir ese patrón — al que llama repetición de encuadre, esquematizable como A-B-A — y a preguntarse qué revela sobre el modo en que los signantes integran recursos de distinta naturaleza para construir significado. La respuesta a la segunda pregunta resultó más incómoda que la primera.
Qué cuenta como repetición de encuadre, y qué no
La lingüística distingue habitualmente la reduplicación — un proceso morfológico que repite una palabra, un lexema o parte de una base, y que expresa pluralidad, intensidad o continuidad — de la repetición propiamente dicha, que se aplica a unidades mayores. Cuando lo repetido es un constituyente sintáctico se habla de duplicación (doubling), y cuando las dos ocurrencias no están una junto a la otra, de duplicación no adyacente. El fenómeno está documentado tanto en lenguas habladas como en lenguas de señas.
El estudio se restringe a las repeticiones idénticas y no adyacentes. Esa decisión metodológica deja fuera dos construcciones vecinas y bien conocidas: el llamado "sándwich verbal", en el que la segunda ocurrencia del verbo aparece modificada morfológicamente, y la copia de tópico, en la que un signo de apuntado retoma otro tipo de signo. Ninguna de las dos fue contada como repetición de encuadre. Sobre el corpus conversacional y narrativo de diez signantes, la autora identificó y anotó 318 casos.
Más de cuatro por minuto, y un quinto del tiempo
La primera constatación es de frecuencia, y es más contundente de lo que la propia autora anticipaba a partir de la literatura sobre lenguas habladas. En el conjunto de la muestra se observaron, en promedio, más de cuatro repeticiones de encuadre por minuto, y estas secuencias ocupan el 21% del tiempo total de señado. Los diez signantes produjeron repeticiones de encuadre en los dos géneros, conversación y narración, sin excepciones.
La variación individual es amplia pero no rompe el patrón: las frecuencias individuales van desde 1,73 por minuto en conversación y 2,00 por minuto en narración hasta 5,87 por minuto en conversación y 6,56 por minuto en narración. En proporción del tiempo de señado, el rango va de un mínimo de 5% en conversación y 8% en narración a un máximo de 54% en conversación y 37% en narración. Las repeticiones son algo más frecuentes en las narraciones, pero tienden a ser más largas en las conversaciones: 7,15 señas de extensión media frente a 4,9, con una mediana de 4 en ambos géneros.
Otro dato acota bien el fenómeno: en la enorme mayoría de los casos — 92,5% de las 318 ocurrencias — el elemento repetido consiste en una sola seña. En conversación, el 88 % de los segmentos A incluye una única seña, con un máximo de cinco; en narración, el 96 %, con un máximo de dos. Lo que se repite es breve; lo que queda encerrado entre las dos ocurrencias puede ser muy extenso.
La frontera que no aparece en los datos
Aquí el estudio deja de describir y empieza a discutir. Cada segmento repetido fue anotado según el tipo de formas que contiene — seña léxica, seña de apuntado, apuntado con la mirada, articulación bucal, seña indicativa, seña descriptiva, acción construida, gesto recurrente — y según las estrategias semióticas que moviliza: descripción, indicación y depicción.
Considerada en bloque, la descripción es la estrategia más frecuente en los segmentos A, presente en 253 de los 318 casos (80%). La depicción y la indicación aparecen a tasas semejantes, en 183 casos (57%) y 179 casos (56%) respectivamente. Pero la casilla más poblada del diagrama no es ninguna de ellas por separado: es la combinación de las tres a la vez, con 100 casos (31%). Le sigue el uso de la descripción sola, con 83 casos (26%), y las combinaciones de dos estrategias suman 97 casos (30%). En cuanto a las formas, en el 75,5% de los casos coexisten varias en un mismo segmento repetido, y solo el 24,5% moviliza una única forma.
Un análisis de correspondencias múltiples sobre el conjunto de los datos completa el cuadro. Al considerar todas las variables simultáneamente — signantes, géneros, extensiones, tipos de formas y estrategias —, la muestra no exhibe diferencias notables entre signantes, entre tipos de formas ni entre extensiones, y tampoco emerge una distinción clara entre conversación y narración. La única separación nítida que produce el análisis es la presencia o ausencia de la estrategia depictiva.
De ahí se desprende el argumento central del artículo. Los resultados no justifican una distinción categórica entre las formas que los signantes emplean en las repeticiones de encuadre: las más frecuentes comprenden tanto estructuras de acción construida — fundamentalmente depictivas, es decir, del tipo que la tradición llamaría "gestual" — como señas léxicas — fundamentalmente descriptivas, es decir, convencionales —, y los elementos que encuadran combinan típicamente varias estrategias semióticas. No hay, escribe Meurant, base empírica para tratar sistemáticamente los llamados elementos gestuales como distintos de los llamados elementos lingüísticos, porque unos y otros realizan el mismo patrón.
La conversación y el relato no se parecen
La homogeneidad general no significa uniformidad. En conversación predominan las estrategias descriptivas (87,2%), sobre todo mediante señas léxicas solas o acompañadas de articulaciones bucales; la combinación de seña léxica y articulación bucal representa el 30 % de los casos en ese género. En narración domina la depicción (82,5%), reflejo del uso frecuente de estructuras de acción construida y de señas descriptivas para representar referentes y sus acciones. Los segmentos semióticamente compuestos — los que combinan dos o más estrategias — alcanzan el 47,6% en conversación frente al 80,7% en narración.
La extensión también varía. La autora clasificó las 318 ocurrencias en cinco categorías, según el número de cláusulas y de unidades discursivas que abarcan. La más frecuente es la de menor alcance — la repetición que cubre apenas una porción de una cláusula —, con 95 casos (30%). En el extremo opuesto, 41 casos (13%) se extienden a lo largo de varias unidades de discurso, encuadrando turnos completos en conversación o episodios enteros en narración. Y hay repeticiones anidadas dentro de otras repeticiones, algo que el patrón admite precisamente porque no impone restricción de proximidad entre sus componentes.
Los efectos que produce el encuadre tampoco son uniformes. Además de agrupar, la estructura A-B-A puede enfatizar — como en la pregunta a la interlocutora "¿por qué no estaría motivado?", donde el segundo POR-QUÉ cierra lo que abrió el primero —, demarcar un fragmento de diálogo construido respecto de la línea narrativa principal, o producir un efecto de bucle en contextos de vacilación, cuando la estructura regresa a su punto de partida tras el rodeo.
Los límites que la propia autora señala
El estudio es explícito sobre su alcance. Al restringirse a repeticiones manualmente idénticas, no captura los cambios que puedan producirse entre las dos ocurrencias en rasgos no manuales — concretamente en la articulación bucal y en el apuntado con la mirada —. La codificación de las estrategias es binaria, de modo que el análisis no refleja el peso relativo de cada estrategia dentro de un segmento: dos fuentes de indicación en un mismo segmento cuentan igual que una. Y la muestra son diez signantes de una lengua de señas específica, la LSFB, en dos géneros discursivos.
La autora propone, en las conclusiones, extender el mismo enfoque al estudio de las lenguas habladas: una perspectiva semiótica que subraye la naturaleza compuesta de la construcción de significado, con independencia de los canales o modalidades involucrados y sin presuponer una distinción entre elementos lingüísticos y gestuales. Queda abierta la pregunta de si el patrón lineal de encuadre tiene equivalentes en producciones habladas comparables.
Para consultar la tipología completa de formas y estrategias, los ejemplos anotados del corpus LSFB, las cinco categorías de extensión y el análisis de correspondencias múltiples, lea el artículo original en Open Linguistics.
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